Es frecuente observar el uso de los términos “identidad corporativa” e “imagen corporativa” como sinónimos, sin embargo, no son conceptos equivalentes. Aunque relacionados, tienen un alcance distinto en el contexto general de la comunicación corporativa de la organización.
La identidad corporativa se puede definir como el conjunto de manifestaciones expresivas que hacen visible a la organización/empresa y sus productos/servicios. Supone el establecimiento de los rasgos visuales distintivos organización frente a las demás en aspectos como la grafía de sus símbolos propios en el nombre, en sus instalaciones, sus vehículos, su correo, en su presencia web y en redes sociale, sus documentos impresos, productos, embalajes etc. Es decir, se trata de los elementos visualmente reconocibles que componen un estilo propio. Se configuran a partir de un componente intangible, no físico, que se apoya en los principios básicos de la empresa/organización: misión, visión y valores.
Estos principios básicos dan respuesta a cuestiones fundamentales para la empresa/organización como: quién es, cómo es, cómo lo hace, a favor de quiénes, con qué propósitos, con qué recursos, etc; y son la base para la construcción de una marca distintiva, presente en elementos físicos reconocibles que la distinguen de sus competidores y resumen sus principios básicos de organización.
Por su parte, la imagen corporativa es la impresión que el público tiene de una organización/empresa de forma global, es decir, la imagen mental que evoca entre sus públicos el conjunto de los comportamientos y actitudes de dicha organización/empresa. La génesis de esta impresión no la produce exclusivamente la identidad gráfica contextualizada con anterioridad, sino que es el resultado de la suma del conjunto de imágenes que una organización/empresa proyecta en el exterior.
Es decir, la imagen corpotiva se constituye integrando la percepción y valoración que tienen los públicos externos de la organización/empresa con las características “objetivas” de la misma, que son expresadas en los procesos de comunicación interna y externa. Algunas cualidades que contribuyen a una buena imagen son:
- Calidad de gestión
- Solidez financiera
- Calidad de los productos y servicios
- Valor como inversión a largo plazo
- Capacidad de innovación
- Calidad de marketing
- Responsabilidad medioambiental y ante la comunidad
- Capacidad de atraer, desarrollar y conservar los mejores talentos
- Buena visibilidad y presencia, en términos cualitativos y cuantitativos, en medios de comunicación, internet y redes sociales.