Os dejo una breve reflexión sobre la que está pivotando este año la asignatura de Tecnologías Aplicadas del Diplomado en Organización de Eventos, Relaciones Institucionales y Protocolo de la Escuela Internacional de Protocolo de Granada: la necesidad de cuidar qué se dice en las redes sociales sobre nosotros; y si eso que se dice se adecua a nuestro perfil profesional como especialistas en el mundo del protocolo y los eventos.

Hoy en día, es de capital importancia definir nuestro campo de actividad profesional en términos de contenido contextualizado. Una de las reglas fundamentales de las redes sociales es que nos convertimos en productores de contenidos, y por tanto, cada item (pieza de información) que enviamos al mundo a través de las redes sociales y el www va definiendo y perfilando nuestra imagen en nuestro ámbito profesional de acción y de relación. Por ello, es importante que exista una total concordancia y coherencia entre lo que vienen a ser nuestras competencias profesionales en el mundo “tangible” y lo que “se dice” de nosotros en el entorno digital a través de los distintos soportes, canales y medios de comunicación abiertos y de carácter universal.

Como profesionales del protocolo, los eventos y la comunicación debemos preguntarnos, ¿que “política personal” de generación de contenidos debemos seguir en la redes sociales? ¿En qué consiste nuestro “contenido” definitorio? ¿Qué debe mostrar?

Como mínimo, deberíamos tener en cuenta estos aspectos a la hora de generar contenidos:

– Nuestras habilidades y experiencias profesionales prácticas en el contexto de nuestro sector (Ej. Contar nuestra experiencia en el seno de un equipo al cargo de la organización de un evento o acto protocolario.)
– Nuestro conocimiento de las personas expertas, eventos, publicaciones e hitos de nivel y de impacto de nuestro campo profesional. (Ej. Comentario de una novedad editorial de un experto en protocolo internacional, narrar nuestra experiencia personal al acudir a un Congreso de Protocolo, etc).
– Que fomentemos la mejora continua en todo lo concerniente a nuestra práctica profesional (Ej. alabando buenas prácticas de terceros en la aplicación de la normativa vigente en materia de protocolo, destacando los aspectos sobresalientes de la organización de un evento, criticando construtiva y pedagógicamente errores y difuncionalidades que observemos en cuestiones como la colocación de banderas, precedencias, etc)
– Que participemos en conversaciones sobre el contenido que generamos, y sobre el contenido que producen otros profesionales del gremio (Ej. debates de actualidad, confrontación de opiniones, resolución de dudas, etc).

Sin eludir la necesidad de monitorear nuestra presencia en las redes sociales y en el www mediante el uso de herramientas que nos proporcionen métricas fiables, cada cierto tiempo, debemos hacer un inventario (una pequeña auditoría interna) sobre el contenido que estamos publicando dando honesta respuesta a cuestiones del tipo: ¿es pertinente para mis seguidores? ¿qué es lo más interesante? ¿qué es lo más anodino? ¿ha propiciado una mejora de mis contactos? ¿ha potenciado mi imagen como profesional del mundo del protocolo y los eventos? ¿qué enfoque creo que debo seguir en el futuro? ¿es pertinente mi presencia en todas las redes sociales en las que estoy? ¿sobra alguna? ¿falta alguna?

Y para finalizar esta breve reflexión, dos puntualizaciones importantes que no debemos olvidar a la hora de interactuar en redes sociales con fines profesionales:

  • Es casi imposible “llegar y besar el santo”, la creación y consolidación de nuestra imagen profesional en la redes sociales conlleva un esfuerzo, una coherencia y una regularidad continuas en el tiempo. Teniendo en cuenta que el aprendizaje, como en la mayoría de los ámbitos de la vida, es un proceso de ensayo y error, no debe desalentarnos que al principio no tengamos la repercusión y el reconocimiento buscado. Todo llegará.
  • La “pólvora ya está inventada”. Aunque la acumulación de experiencia paulatinamente nos hará más ser más innovadores, la mejor forma de hacer las cosas bien es fijarnos en cómo lo hacen los mejores, los referentes, los casos de éxito, los que marcan la pauta, e imitar, dando nuestro toque personal, las cuestiones que realmente funcionan e interesan a la audiencia. Y reitero, no consideremos ésto como una falta de originalidad o como un sucedáneo, y en la línea de lo dicho por Descartes (“Para mejorar nuestro conocimiento debemos aprender menos y contemplar más”) observémoslo única y exclusivamente desde el punto de vista de la dinámica del funcionamiento y evolución del conocimiento por asimilación.
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